Archivo | marzo 2016

Llegar a la madurez

 

Cuando las personas llegamos a la madurez vemos la vida de otro modo, por lo general somos capaces de vivir de espalda a opiniones ajenas, decidimos hacia donde queremos dirigir nuestros pasos, en este punto nos acompaña la serenidad de la experiencia.

Las vivencias buenas o no tan buenas nos han enriquecido, a pesar de que no todos aprendemos las lecciones y algunos tropiezan con la misma piedra hasta dañarse, sabemos cómo queremos vivir, dentro de nuestras posibilidades intentamos trazar esa línea personal en la que un lado deja aquello que no es de nuestro agrado aunque sea lo que socialmente se diga que sé `debería´ hacer en esa etapa de tu vida o situación, en el otro lo que nos llena como persona, nos da esa paz que siempre hemos esperado, nos permite ser plenamente quien es, disfrutar de la libertad espiritual, soñar sabiendo que los sueños no son más que eso pero sin perder la capacidad de soñar e ilusionarnos, dejar escapar a ese niño que llevamos dentro, el que mantiene viva la parte juvenil con el paso del tiempo.

Cada momento en la vida debe ser disfrutado en plenitud y a corde con nuestro modo de ser y sentir.
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Esta entrada fue publicada en 27 marzo, 2016. 1 comentario

La caricia de las letras.


Cuando escribir, jugar con las letras vive en tu interior, es una parte de tu esencia, con las que intentas que el posible lector se sienta identificado, despertar emociones, sensaciones, con el tiempo acabas siendo el peor juez de ti mismo, te sonrojas, ante pequeños errores sean ortográficos, gramaticales, al repasar observas que se escapó un fallo tan absurdo que no comprendes cómo no has sido capaz de verlo, intentas ser casi perfecto aunque tus escritos no se vayan a conocer más allá de una red social o un blog, el que procurarás sea lo más bonito estéticamente, darle un toque que hable un poco de ti, cuidar el detalle dice mucho de su creador.

En mi modesta opinión como aprendiz de escritora, aunque no se publique un libro ni un artículo en un periódico siempre hay que tratar de dar el máximo que se es capaz porque plasmamos aquello que se gesta en nuestra mente y lo dejamos volar como palomas sobre una pantalla o papel, que el posible lector viendo ese escrito le apetezca continuar leyendo al sentir una caricia entre letras por la belleza del texto y la plasticidad del conjunto, que no pregunte en sus adentros para que perder el tiempo con algo que a simple vista es un galimatías de letras como un conjunto de hormigas separadas por comas situadas allí donde han caído, frases cortadas sin sentido, quizás el contenido pudiera ser de su agrado pero lo rechaza porque el arte entra por la vista y si nos disgusta, para nosotros, dejar de ser arte es solo un escrito que está ahí entre tantos.

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